" Aquel gélido amanecer dejó atrás a sus vecinos, con lágrimas en los ojos aunque no de tristeza sino de esperanza porque uno de sus hijos, el valeroso Agamenón iba a partir en pos de la preciada reliquia de la ciudadela.
Despues de la gesta de aquella jornada, Agamenón sería para siempre el héroe protector del que hablaban las profecías escupidas por los dioses.
Sin huestes y a lomos de su otoñal caballo, ciñóse el yelmo abollado en mil batallas y se internó sin más compañía que su valor en la espesura del bosque nevado.
... pasaron las horas y cuando la lechuza anunciaba dolorosos presagios, un perro lazarillo ladró tres veces en dirección al sendero real. Y por allí apareció Agamenón, el futuro general, a lomos de su exhausta montura, arrastrando sobre un improvisado transporte de leños, la antiquísima campana..."
(paréntesis abierto)
- Entonces, ¡ es usted ... el famoso Agamenón que aparecía en la mitología griega!.
- Nolentiendo bien a usté... Yo sólo soy el Agamenón de mi aldea... Como el Asteris del otro tebeo solo que más bruto.
- Entonces tu padre no es...
- Mi padre es el Cipriano, que está el pobre mú achuchao con lo de la reuma...Aunque me han dicho que soy adoptao, que mi verdadero padre es el Nene Estevill , el que dibujaba monigotes en los papeles esos de cartulina...
(paréntesis cerrado)
Si convertimos la prosa grandilocuente en viñetas contadas con un lenguaje simple y lleno de incorrecciones; si sustituímos huestes por convecinos, el viejo rocín por unos zuecos para el barro, y el yelmo por una minúscula boina que apenas llega a cubrir el diez por ciento de un cabeza superlativa , tendremos a nuestro verdadero Agamenón.
Y es cierto, su padre fué el malogrado Nene Estivill, dibujante asalariado en la Editorial Bruguera, el equivalente patrio de la Marvel americana.
De pequeños seguíamos a ese alegre e ingenuo mocetón, un rato bruto eso sí, apasionado zampador de lo que hubiera en la despensa y metido en mil líos por su entrañable manera de ver las cosas .
Sus caricaturas eran autoconclusivas y poseían, como gran parte de la nómina de Bruguera, unos elementos reconocibles que se repetían en cada aventura, lo que lo hacía más familiar y adictivo.
Destacar el cuidado del autor- Nene Estivill- por estereotipar al tipo humano rural sin caer en el insulto ni en el mal gusto.
Cada vez que recuerdo aquella aventura navideña de Agamenón, vuelvo a sentir nostalgia de aquellos diciembres helados y sin cole en los que, cuando no estábamos pegados al cristal de la ventana viendo las gotas bajar, nos descubríamos viendo la tele.
Son los héroes anónimos, y las pequeñas y domésticas historias que no cuenta la Gran Historia, las que nos hacen conectar mejor, por empatía, con la condición humana.
Recuerdo aún la emoción por el empeño de Agamenón por encontrar el objeto que les faltaba, venciendo el frío y los miedos del bosque, y volver finalmente con la campana como si fuese el Santo Grial. Y Agamenón, como un santo inocente valiente y generoso, se convirtió en el héroe de aquellas navidades en la aldea dibujada.
Y su abuela volvió a presumir de nieto diciendo: "igualico, igualico que el defunto de su agüelico.."
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