viernes, 22 de noviembre de 2013

REFLEJOS EN UN OJO DE BUEY


En una de las charlas de perogrullo que tenía con mi amigo Chirlo, conseguimos hacer visibles cuestiones esenciales a las que no habíamos vuelto desde que conocimientos más complejos las habían sepultado - creíamos- para siempre. 
A veces... - decía en esta ocasión mi colega- el círculo se vuelve una herramienta para dibujar el espacio muy peligrosa. Por supuesto que lo decía en frío, al volver a ver por enésima vez la colisión de dos vehículos en una rotonda. Uno de ellos, a causa de la niebla se había despistado y había girado por ella en sentido contrario. 
Ah, el círculo...- pensé sin saber muy bien adónde quería llegar. Desde que la humanidad ha domesticado esa geometría, su evolución y la de las ciudades que habita ha sido excelente. De hecho - comentó Chirlo- el progreso está unido al círculo. El sol (círculo) nos ofrece luz y calor; vida por tanto. Con esa misma luz podemos apreciar las cosas y movernos con el mundo gracias a los ojos (circulos). Me pareció lo que decía un conocimiento tan básico que, supongo, sentí la misma emoción de un maestro relojero al señalar un contador de tiempo en la pared y ver más allá de la apariencia, las diminutas piezas ensambladas que consiguen que tenga vida.
 Entonces tomé carrerilla:y los labios se acomodan mejor a la superficie circular de la taza de café... Y Chirlo replicó: y la redondez de sus pechos- señaló a una joven sinuosa- son un reclamo para la supervivencia de la especie. Nos reímos como si ambos hubiésemos revelado un placer culpable. 
Ah..., pero todo tiene su cara y su cruz; su derecho y su envés; su ying y su yang. Estaba pensando en el cero (círculo) que es como la negación de lo que existe. Y mi amigo pensó en algunas feministas de boquilla que defendían que el círculo es la expresión gráfica del género enemigo frente a esa "a" que define su género gramatical. ¡vaya disparate!...
 Y luego están- continué- esos círculos( rotondas )que están sustituyendo a los tres colores del semáforo (círculos) para hacer fluída la circulación...  pero que pueden ser "herramientas para diseñar espacios muy peligrosas"... 
Me apeé un instante de ese planteamiento: ya pero lo que hace que los coches colisionen son los despistes. Hubo un silencio que aprovechamos para adivinar más círculos disimulados en la vida de la calle.
 ¡ Cuidado !, me alertó Chirlo: llegan los cuadrados y sus aristas, el rectángulo con su ejército panorámico. Hablábamos de la hegemonía de las esquinas, que nunca se habían ido del todo. Y pensamos en la sensación que uno tiene segundos antes de doblar una esquina. Luego, nos quedamos un rato desolados imaginando el imparable asedio de las geometrías angulosas, dirigido por gigantes urbanos de acero y hormigón que impedían ver el bosque, o al menos  el parque más próximo. 
Pero aún descubrimos un efecto mayor, vírico e imparable, en la pujanza de lo cuadrangular. Y ese efecto nos envolvía; lo veíamos en la calle, en las plazas, en los escaparates, allí mismo donde estábamos. Pantallas, pantallas y pantallas por todas partes. Planas, móviles, colgadas y de sobremesa , en widescreen, fragmentadas, llenas de fútbol, de imágenes de agencias, de mensajes wasap, de sistemas operativos... Era el mundo entero, la rutina y la ruína y los cantos de sirenas encerrados entre cuatro lados. 
Nos dimos un respiro para apurar las heces del café. Pero en realidad queríamos disolvernos por haber agitado la caja de los truenos. 
Chirlo, al oírme resoplar de impotencia, removió el remolino del café. ¡Uff!, exclamó, menos mal que me quedan los ojos verdes y redondos de mi chica , que además no tiene en absoluto una mente cuadriculada. 
Para aliviarme, a mí se me dió por pensar en Salva, un primo mío que un día de fiesta se atrevió a confesarme: ¿sábes que me motivó a trabajar de cocinero en ese lugar? Pues no, respondí.
Mirar cómo sonríe y llora el mundo a través de un ojo de buey. Sí, eso mismo dijo. 


Arturo imaginó la Mesa Redonda tras contemplar la luna llena en  Camelot (Anónimo)


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